lunes, 29 de junio de 2015

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis.La dirección de la cura hoy - Ps. Paula F. Lucero

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis. Tema: Clínica psicoanalítica en la época actual.

La dirección de la cura hoy

Ps. Paula F. Lucero

Intentaré desarrollar las consecuencias teórico-prácticas que se desprenden de la conocida afirmación de J. Lacan: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”[1].
Si bien esta frase data de 1953, una serie de cuestiones presentadas en el congreso de Roma pueden servir como antecedente de lo que Lacan trabaja en el año 1975, en el Seminario 23.
En la obra de Lacan se observa un camino que siempre fue fiel a su objetivo: la innovación. Tal es así que en La cosa freudiana (1955) Lacan habla de la formación de los analistas futuros diciendo “…semejante dirección no se mantendrá sino gracias a una enseñanza verdadera, es decir, que no cese de someterse a lo que se llama innovación, pues el pacto que instituye la experiencia debe tener en cuenta el hecho de que ésta instaura los efectos mismos que la capturan para apartarla del sujeto”[2].
La función del analista consiste en alojar al sujeto del inconsciente o bien facilitar su emergencia por medio de la escucha y la presencia. En La dirección de la cura y los principios de su poder (1958) se afirma que la dirección de la cura consiste en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica: la asociación libre; quedando a cargo del analista la atención flotante. Luego de criticar las distorsiones que los post freudianos hicieron en el psicoanálisis, advierte que el analista cura más por lo que dice y hace que por lo que es. Así, la posición del analista queda relacionada con la carencia de ser y dicha carencia determina su política. Pero a su vez, la función del analista se sostiene de un hacer, del acto analítico, o tal como se propone en 1975, de un “saber hacer”.
En el texto citado,  se reafirma “la importancia del significante en la localización de la verdad analítica”[3], sosteniendo que la interpretación no está basada en arquetipos divinos sino “en el hecho de que el inconsciente tiene la estructura radical del lenguaje”[4]. Cuando hace alusión a los historiales clínicos de Freud resalta que su acción inicial con Dora y con el Hombre de las ratas fue buscar que el paciente se anoticie de su posición en lo real y de cómo participa en la fabricación de esta realidad.
A partir de estas afirmaciones, Lacan sitúa tres tiempos en la dirección de la cura “ un proceso que va de la rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, hasta el desarrollo de la transferencia, y luego a la interpretación”[5]. En medio de este proceso, el analista debe preservar el deseo del sujeto, haciendo lugar al fantasma. Este deseo se capta en la letra, por lo tanto es la palabra quien tiene los poderes para curar.
En la indagación de las actuales formas en que se presenta el sufrimiento psíquico, resulta necesario interrogar la noción de estructura clínica tan utilizada en nuestro campo.
Según Freud, la elección de neurosis depende de factores constitucionales y accidentales, teniendo la sexualidad un papel fundamental en la etiología. Freud fue diferenciando situaciones sintomáticas en relación a los diferentes mecanismos de defensa frente a una “moción inconciliable” que remitía a lo sexual, y en 1926, se trató de una defensa frente a la castración. Respecto a la patología, estableció distinciones en diferentes momentos de su obra: entre exclusividad o complemento, introversión de la libido en la fantasía o estasis libidinal en el yo, mezcla o desmezcla pulsional y conservación de los vínculos con la realidad o construcción de neo realidad en el delirio. Quedaron así distribuidas las modalidades defensivas: represión en caso de neurosis, abolición en caso de psicosis, renegación en caso de perversión. Pero no se le puede atribuir a Freud la noción de “estructura clínica”.
En J. Lacan tampoco se encuentra  la frase “estructura clínica”, lo que podemos localizar es el concepto de estructura del sujeto del inconsciente. ¿Qué incidencias tiene en nuestra práctica la utilización automática de este sintagma “estructura clínica” que no ha sido acuñado por ninguno de los maestros?.
En la misma línea, cuando se habla de psicoanálisis lacaniano, se lo vincula con lo real del corte y las sesiones de duración variable. Pero esto es solo una punta de lo que podemos llamar práctica lacaniana. Una práctica lacaniana se sostiene del trabajo sobre los tres registros, por esta razón Lacan afirma que “un análisis se trata de suturas y empalmes”[6]. Es importante prestar atención: Lacan no dice que el análisis se trate de cortes en el nudo, si no que se trata de descubrir cuál es el nudo y ajustarlo bien por medio de suturas y empalmes.
Así, Lacan considera a la estructura del sujeto con flexibilidad, ya que si se entiende por estructura a un nudo de tres registros diferenciados, se puede agregar un cuarto que los sostenga o ajuste. Tal como ejemplifica con el caso de Joyce, un cambio en el anudamiento puede ahorrar un destino poco interesante para el sujeto. La etiología en J. Lacan resulta ser más trascendente, ya que se enfoca en la posibilidad de elección por parte del sujeto. O para decirlo de otro modo, la causa puede ser reinventada.
Al respecto, muchos años antes de recurrir a los nudos, afirma “Un psicoanálisis va normalmente a su término sin entregarnos más que poca cosa de lo que nuestro paciente posee como propio por su sensibilidad a los golpes y a los colores, de la prontitud de sus asimientos o de los puntos flacos de su carne, de su poder de retener o de inventar, aun de la vivacidad de sus gustos[7].
El subrayado remarca la estrecha vinculación entre esta concepción del análisis y la que formulará en 1975 como identificación al sinthome.
En Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis (1953) se encuentran muchos decires relacionados con su futura elaboración de los nudos. Aquí Lacan habla del surgimiento del símbolo a partir del asesinato de la cosa, sosteniendo que el primer símbolo que aparece en la humanidad fue la sepultura, de modo que “Decir que este sentido mortal revela en la palabra un centro exterior al lenguaje es más que una metáfora y manifiesta una estructura”[8]. Aclara que esta estructura no es esférica sino tórica, es la estructura de un anillo.
Una estructura esférica describe una saber cerrado como el de la ciencia o bien como las estructuras diagnósticas que se establecen en el Manual de trastornos mentales DSM IV. Respecto al anillo, se trata de una estructura agujereada en donde la exterioridad periférica y la exterioridad central son una y la misma cosa.
En el Seminario 23, Lacan nos permite afirmar que estructura clínica no es equivalente a estructura psíquica. Con su conceptualización del sinthome retoma lo dicho en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” respecto a la indicación de no retroceder frente a las psicosis.
El esquema del toro describe un proceso dialéctico, afirma Lacan, según el cual “el sujeto realiza su soledad”, pero a la vez “la dialéctica no es individual y la cuestión de la terminación del análisis es la del momento en que la satisfacción del sujeto encuentra cómo realizarse en la satisfacción de cada uno, es decir, de todos aquellos con los que se asocia en la realización de una obra humana”[9].
La estructura tórica se refiere al sujeto singular y también al analista. El sujeto se constituye a partir de la intersubjetividad, del lazo social con otros. Sus realizaciones solitarias no son  sin un más allá del ser, es decir, la satisfacción individual se realiza en la satisfacción de los otros. ¿Que quiere decir esto?, se trata de una obra.
Respecto al analista, es mediador “entre el hombre de la preocupación y el saber absoluto”, y por lo tanto, debe conocer la subjetividad de su época. Lacan habla de un analista “que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes”[10].
Si vinculamos esta noción de la estructura como anillo y el proceso dialéctico entre el sujeto y los otros, el analista y la cultura, podemos pensar al arte como un recurso general en Psicoanálisis. En el seminario 23, Lacan considera al sujeto como un artesano, ya que a partir de dos significantes crea un elemento tercero que es el objeto. A la vez, este sujeto puede crearse un nombre que más o menos forzosamente le calce mejor.
¿La subjetividad de la década del ´70 en Europa es la misma que la nuestra?, ¿cuáles son los atravesamientos socio-culturales que determinan al sujeto en nuestra sociedad?.
El saber absoluto de la ciencia fue avanzando y la relación con el sistema capitalista se solidificó aún más. El discurso capitalista es una forma de relación (no tiene el estatuto de lazo social) que objetiviza al sujeto, intentando abolir su división por medio del consumo. Este discurso establece un circuito perverso que muchos autores han vinculado con la situación sintomática de las adicciones y las patologías del impulso.
¿Qué se puede decir del discurso capitalista hoy?. Si los efectos de este discurso eran la sutura de la división del sujeto y el individualismo, hoy parecería que ni los objetos de consumo disponibles alcanzan para aliviar el vacío existencial que padecen algunos sujetos. A cualquier miembro de nuestra sociedad puede invadirlo la angustia, la ansiedad, la depresión, el sentimiento de desesperanza. Como si en vez del progreso que la sociedad moderna ambicionaba, hoy primara la ausencia de porvenir, como si ya no hubiera nada que esperar o nada en qué apostar.
Estos síntomas de vacío parecen trascender las estructuras individuales y figuran un producto socio-cultural que puede aquejar a cualquiera. Al respecto, M. Recalcati buscó situar la dimensión de la clínica contemporánea, estableciendo, de manera algo extrema, que vivimos en una época en donde el Otro no existe. Esta clínica es la “clínica del vacío” y se refiere a “una metamorfosis histórico-epocal de la noción de falta. (…) Esta distinción señala (…) una declinación inédita del lazo social en la época contemporánea, provocando una redefinición de la concepción clásica del síntoma que rige la neurosis”[11].
En relación al sufrimiento psíquico, el malestar es vivido más intensamente y las medidas que el sujeto toma frente a la frustración suelen ser más drásticas. Según el autor citado, el centro de la clínica contemporánea es “el vacío como una experiencia de eclipse, como un sentimiento de inexistencia, de irrealidad, ausencia que caracteriza el modo de ser prevalente del sujeto contemporáneo”. De estas afirmaciones se desprende la noción de “nuevos síntomas”, noción cuestionable pero que al menos arroja un poco de luz sobre las actuales formas de malestar. Estos nuevos síntomas no se formarían según la represión y el simbolismo característico de las neurosis sino que involucran un goce no regulado por la castración, y apuntan a reestablecer cierta integridad narcisista en estado desfalleciente.
En “El Psicoanálisis y su enseñanza”, Lacan afirma que “si el síntoma puede leerse es porque él mismo está inscrito en un proceso de escritura”[12]. Aquí estaría presente la función del analista como intérprete de las discordia de los lenguajes.
Estos supuestos nuevos síntomas que carecen de metaforización y acuerdan con la noción de holofrase, ¿que problema nos presentan?, ¿no pueden leerse o no están inscritos en un proceso de escritura?.
En otras épocas el analista podía interpretar sobre lo escrito en lo inconsciente, tal vez en nuestra época la labor del analista sea más ardua y consista en interpretar aquello que no fue escrito aún. Esto no lo haría menos intérprete pero si lo invita a guiar al sujeto hacia la producción de escrituras. Es posible que el sufrimiento del sujeto de nuestra época muestre una ausencia de escritura como también una escritura que no fue puesta en función.
Es la esencia del psicoanálisis apostar a que allí hay un sujeto del inconsciente, y este fue el gesto inaugural de Freud. Asimismo, en “Más allá del principio de realidad”,  Lacan recorta el acto freudiano del siguiente modo: "El primer signo de esta actitud de sumisión a lo real en Freud, fue el reconocer que en tanto que la mayoría de los fenómenos psíquicos en el hombre están aparentemente vinculados a una función de relación social, no es posible excluir la vía que por ese hecho abre de ello el acceso más común: a saber el testimonio del sujeto mismo sobre estos fenómenos".
Considero que esta sumisión a lo real implica distanciarse del dogmatismo de las teorías sobre dispositivo y estructura clínica, para poder atender el testimonio verdadero del sujeto contemporáneo.
Como se ha podido apreciar, este escrito le otorga particular importancia a los desarrollos sobre el sinthome y su función como suplencia o suplemento del nombre del padre. Es probable que las coordenadas de nuestra época incidan en la constitución del sujeto, dificultando y/o impidiendo las escrituras de los rasgos propios.
Los analistas apostamos a una estructura del sujeto conformada por elementos diferentes pero interdependientes. Trabajamos con la diferencia, el detalle y la creación, tal vez sin estar anoticiados de ello.
Una de las coordenadas de época es la imposición de objetos ya inventados, que servirían a todos por igual. En este aspecto, la subjetividad de nuestra época se caracteriza por tener mayores dificultades para elegir. Es nuestra labor como analistas ser “herejes de la buena manera”, como Joyce y como Lacan se describe a si mismo, en la medida de que “habiendo reconocido la naturaleza del sinthoma, no se priva de usarlo lógicamente, es decir, de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo de lo cual se apaga su sed”[13].
En el año 1975, Lacan propone pensar la estructura psíquica como una estructura agujereada, y será la función del falo verificar la existencia de dicho agujero. Si en Freud el falo remite principalmente al padre, en Lacan el falo representa la conjunción entre cuerpo y palabra, lo cual abre un abanico de nombres posibles. Desde este punto de vista, en un análisis pueden surgir otros elementos capaces de garantizar la firmeza fálica o ajustar la cuerda.
Considero que el malestar de nuestra sociedad pone en jaque al psicoanálisis y sus recursos terapéuticos, al respecto, no puedo dejar de remitirme nuevamente a Lacan: “Cuando el psicoanálisis haya rendido sus armas frente a los callejones sin salida crecientes de nuestra civilización (malestar presagiado por Freud), serán retomadas ¿por quién? las indicaciones de mis escritos”[14].

Bibliografía:
1 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
2 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 410.
3 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina. Pág. 566.
4 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina. Pág. 567.
5 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina .Pág. 571.
6 Lacan, J. El Sinthome. Paidos. Argentina. 2013. Pág.71.
7 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 258.
8 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 307.
9 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
10 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
11 Recalcati, M. Psicoanálisis y el hospital N°24: ¿Patologías de época?. La clínica contemporánea como clínica del vacío.
12 Lacan, J. escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 418.
13 Lacan, J. El Sinthome. Paidos. 2013. Argentina. Pág. 15.
14 Lacan, J. Textos escogidos 1952-1978. “De Roma ´53 a Roma ´67: el psicoanálisis. Razón de un fracaso”.




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