viernes, 14 de agosto de 2015

La paradoja de la libertad en la clínica

Ps. Paula Lucero


El tema de la libertad es un tema espinoso. Como si encerrara algún secreto o incluso, como si hablar de libertad en la comunidad analítica significara una amenaza o anticipara un peligro.
Sospecho que esta retracción con la que algunos colegas suelen responder ante el tema de la libertad, se sostiene de cierto miedo a que se vea cuestionada la propia práctica.
Pero, ¿porque hablar de libertad y provocar así una que otra discusión o incluso el argumento exaltado de que el sujeto no es libre, con el agregado de alguna frase de Lacan que lo respalda?.
Considero que la libertad es un componente de la práctica clínica, que insiste en cada paciente y en cada analista.
El paciente: la libertad es un fin último, la terapia es concebida como un medio para alcanzar la libertad. Partiendo de esta idea inicial, comienzan a plasmarse las singularidades de cada planteo y cada historia, las distintas significaciones que ese sujeto otorga a la idea de libertad.
En este punto se pueden proponer distintos momentos analíticos en donde la idea de libertad se va reformulando para el sujeto:
1-    Ser libre del otro. Aquí predomina la fantasía de hacer desaparecer a ese otro que priva de los placeres, fantasía tan típica en las neurosis obsesivas. De modo similar, aunque con otro argumento fantasmático, suele aparecer el planteo histérico en donde surge la idea de estar bien “algún día”. En este momento del análisis resalta el anhelo de una libertad plena y su imposibilidad.
2-    Ser libre de mi (síntoma). Aquí el síntoma es reconocido como una construcción propia, de ahí que se avizore la posibilidad de prescindir de él.
3-    Ser libre con el otro, hacer algo feliz con el sufrimiento. Este tiempo implica una actualización de la operación que Lacan llamó “separación” con el sentido que él enfatiza en el seminario 11 de “parirse a sí mismo”. Clínicamente hablando, ¿que significaría parirse a sí mismo?. El analizante debe hacer un trabajo de selección respecto de aquello que lo une y lo separa del otro. Habrá cosas que pueda tomar de esos otros y cosas que deje de elegir para sí mismo. Lo que aquí se reformula es talvez la lectura, la interpretación que el sujeto ha hecho de los dones que le han sido otorgados.
En un psicoanálisis, el problema de la libertad es patente, se presenta en el discurso como una búsqueda más o menos desesperada; pero solo en el tercer momento la libertad aparece como un encuentro, como encontrando una forma nueva de pensar y hacer las cosas cotidianas de la vida.
El analista: el analista practica la libertad lo asuma o no. Desde el principio, invita al sujeto a cumplir la regla fundamental de que asocie libremente, lo invita a ser libre. No sin resquemor, el paciente suele sorprenderse ante la consigna de decir lo que quiera, lo que se le venga a la mente, y para cerciorarse de que no es una broma pregunta: “¿pero puedo decir cualquier cosa?,¿ malas palabras también?”.
Aquí hay que detenerse, es sabido que el psicoanálisis nace del descubrimiento freudiano de inconsciente, hallazgo del todo revolucionario para su época. Con Lacan podemos decir que el psicoanálisis es un discurso que aloja lo que los otros discursos excluyen.  La asociación libre como técnica, es ya una revolución. Porque es mediante el ejercicio de la libertad en el decir, en donde se encuentra la verdad amordazada. Es paradojal considerar que la única regla verdadera es la libertad de pensamiento.
Lacan va un poco más lejos de la técnica, abriendo el paso a su concepción del deseo del analista y la posición que debe ocupar para cumplir correctamente una función del todo compleja. Para el analista, se trata de despojarse de todo aquello que lo pueda emparentar con cualquier tipo de servidumbre. Debe sacar de plano sus pretensiones, sus ideales, sus criterios morales, e incluso sus teorías, para poder escuchar. Alguien que está en posición de analista debe también liberarse de toda una serie de condicionamientos que de hecho lo hacen persona.
Ahora bien, la parte agria del tema de la libertad, se debe a lo costoso que resulta pensar la paradoja. El mismo término de “sujeto” contiene las dos caras de una misma moneda: sujeto al lenguaje o al Otro simbólico pero también sujeto deseante capaz de realizar su acto.
El sujeto del inconsciente se constituye a partir de los significantes del otro primordial, y su primera existencia está marcada por una escisión fundamental e irremediable.
Esta división fundante hace que la existencia misma del sujeto sea producto de una construcción incesante. Pero esta escritura de la propia existencia, se realiza en la misma oscilación que lo define: sujeto al otro y sujeto deseante. Sujeto del otro y sujeto al otro.
Hablar de libertad en psicoanálisis no necesariamente implica un descuido del fundamento estructural. Considero que aquello que le exigimos al sujeto, que puede formularse como “no cedas ante tu deseo”, queda solapado por este cierre conceptual del cual los psicoanalistas podemos ser presa. Como si la libertad no existiera porque está la eterna determinación del Otro, ¿entonces que habría?. No hay felicidad, eso se sabe gracias a Freud, no hay garantías nos dijo Lacan, pero si hay la libertad y su límite.
Hablo de una libertad limitada por la locura, se es libre en la medida en que el Otro existe no existiendo, se es libre si hay mujeres y hombres y no La mujer o el hombre, se es libre si el sujeto está alienado al lenguaje pero separado del Otro.
Esa es la paradoja de la libertad, porque la misma asociación libre posee una determinación inconsciente, revela el entramado específico de una historia y una cadena significante. Pero a pesar de esta determinación, la libertad sigue siendo posible, ya que una vez aislados algunos elementos prevalentes, se los puede modificar, reformular, conectar de otra manera. Supongo que esa, la capacidad de anudar elementos sueltos o crear nuevas uniones y costuras, es la única libertad permitida al ser humano, es decir, la libertad de hacer algo interesante con lo que tiene, trae, le ha tocado, con su determinación.
El ser humano padece de la desgracia de la falta de determinación, busca una determinación absoluta y sin quiebre que le estipule una forma de vivir. Un análisis debe llevar a tolerar la indeterminación pero de forma activa, diría hasta autodidacta, porque a fin de cuentas, será el sujeto quién encuentre la forma de hacer frente a las posibilidades que presenta la indeterminación.
Como el artista que dispone de sus elementos para pintar una obra, elige colores, formas, espacios. La condición es reconocer la indeterminación como base de toda creación artística, para luego evaluar las posibilidades y poder tomar una, entre otras. Considero que la metáfora artística es la más idónea para describir el trabajo en un análisis. Trabajo que es en si mismo paradojal si se tiene como fin el hacer algo feliz con el sufrimiento.
De acuerdo a lo dicho, un fin de análisis consiste en saber hacer con la libertad, esa poca cuota de libertad que cada uno tiene, porque hasta la libertad está regulada para el ser humano. Ante el mínimo traspaso del límite, ya surge la angustia, el dolor, el goce acéfalo.
Solo hay un poco de goce permitido al ser hablante, dice Lacan, unas pocas situaciones en donde el goce está permitido y uno es medianamente feliz, aunque a posteriori, cuando el hecho ya aconteció.

Hasta lo más terrible que pueda suceder en la vida de alguien es susceptible de ser transformado en otra cosa, y saber que esto es posible, es ya una práctica de la libertad.

viernes, 31 de julio de 2015

El amor cortés

El amor cortés                                      

 Ps. Mailén Bocca - Mat.6938

El amor cortés tiene sus inicios, en el Ars Amatoria de Ovidio, donde el autor crea una composición algo irónica y didáctica del amor, llena de sarcasmos que, en época Antigua, fueron tomados como tal, pero que tiempo más tarde, en la edad medieval, no fue interpretado de la misma manera. Sus iniciadores fueron los trovadores cátaros del territorio del Languedoc. Aquellos trovadores eran músicos y poetas de la época medieval, que componían sus obras y las interpretaban, o las hacían interpretar por juglares, en las cortes señoriales de ciertos lugares de Europa El primero de los trovadores fue Guillermo de Poitiers, quien parece haber sido, antes de consagrarse a la poesía, un bandido bastante temible. Uno de sus poemas demuestra el culto que se le rendía a la dama:
Debe humillársele toda alegría
y debe todo amor obedecer
a mi señora, por su gentileza
y por su bella y dulce mirada:
más de cien veces gozará
quien la alegría de su amor alcance.”
Denis de Rougemont, en su texto “El amor y Occidente” responde a la pregunta ¿Qué es la poesía de los trovadores? La exaltación del amor desgraciado. No hay en toda la lírica occitana y la lírica petrarquesca y dantesca más que un tema: el amor; y no el amor feliz, colmado o satisfecho; al contrario el amor perpetuamente insatisfecho. Finalmente no hay más que dos personajes: el poeta que ochocientas, novecientas, mil veces repite su lamento, y una bella que siempre dice no.
Jacques Lacan plantea, al igual que Denis de Rougemont, buscar el origen de esta poesía no en el medio puramente social, sino en la atmósfera religiosa que determinaba las formas, incluso sociales de este medio.
En la manifestación de este amor cortés, en prenda de amor, la dama daba a su poeta un anillo de oro, le invitaba a levantarse y depositaba un beso en su frente. En adelante los amantes estarían vinculados por las leyes de la cortesía: el secreto, la paciencia y la mesura…y sobre todo el hombre será el sirviente de la mujer; la frustración, por la imposibilidad de consumar el amor; el secreto, por ser un amor encubierto, no manifestable públicamente. Hablamos de un amor de forma noble y caballeresca. La teoría del amor cortés supone una concepción platónica y mística del amor. Aún hoy, en la Postmodernidad, escuchamos clamar por la caballerosidad del hombre que venga a cortejar a la mujer. ¿Cuál es el destino de aquella ilusión?.
 Lacan en su Seminario 7 La Ética del psicoanálisis, refiere al amor cortés como paradigma de la sublimación. Donde la dama es colocada en el lugar de La Cosa, quien dejó huellas en un inconsciente tradicional transportado por toda una literatura. Hoy en día podemos ver estos efectos, el efecto de la instauración idealizante del objeto femenino en nuestra cultura Occidental; la creación de lo idealizado del amor. El ideal del amor cortés fue el principio de una moral, de una ética, de toda una serie de comportamientos, de lealtades, de medidas, de ejemplaridad de la conducta. Freud, expone Lacan en su seminario, en cuanto a la sublimación hace notar que, “el artista” luego de haber sublimado es beneficiario de su operación en la medida en que la misma es luego reconocida, cosechando precisamente en forma de gloria, honor, incluso dinero, las satisfacciones fantásticas que estaban en el principio de la tendencia, la cual de este modo es satisfecha por la vía de la sublimación.
En el ámbito de la sublimación, el objeto es inseparable de las elaboraciones imaginarias y muy especialmente de las culturales. La colectividad encuentra en estas elaboraciones culturales el campo propicio en el que pueden engañarse.
El objeto de la sublimación es pues, aquel que se pone en el lugar del vacío, (vacío que crea) del agujero de la castración, aquel objeto que ocupa el lugar imposible del objeto perdido de la pulsión. Pulsión que buscará satisfacción, enlazará al objeto pero que sólo podrá satisfacerse a sí misma. Ahora bien, para Lacan este objeto es elevado a la dignidad de La Cosa, esto es, la representa por vía del significante. La Cosa es siempre eso que se presenta como unidad velada, como vacío. Por ello, como indica Lacan, “el amor cortés es el ser de una escolástica del amor desgraciado”. Ese Otro anhelado, deseado, buscado e imposible de alcanzar. El hombre eleva así al objeto al punto tal que pueda representar la Cosa. Construye una realidad a partir de un significante, sublimar significa poder inventar a partir de un vacío, tendiendo a transformar, para poder dominar el espacio, para poder imperar ese vacío. El amor cortés es un juego en torno al tener y al ser; más allá de eso está la Nada. El galán que revolotea en torno a su dama sin llegar a conseguirla nunca demuestra que dar un rodeo es la mejor forma de acercarse a lo esencial. Como escribe J.A Miller en su texto “La angustia lacaniana”, la vertiente más original del amor lacaniano es que el amor es invención.

Bibliografía:
·         De Rougemont, D. El amor y Occidente. Barcelona. Editorial Kairós. 1979.
·         Lacan, J. Seminario 7. La ética del psicoanálisis. Buenos Aires. Editorial Paidós. 2009.
·         Miller, J.A. La angustia lacaniana. Buenos Aires. Editorial Paidós. 2013.


lunes, 29 de junio de 2015

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis.La dirección de la cura hoy - Ps. Paula F. Lucero

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis. Tema: Clínica psicoanalítica en la época actual.

La dirección de la cura hoy

Ps. Paula F. Lucero

Intentaré desarrollar las consecuencias teórico-prácticas que se desprenden de la conocida afirmación de J. Lacan: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”[1].
Si bien esta frase data de 1953, una serie de cuestiones presentadas en el congreso de Roma pueden servir como antecedente de lo que Lacan trabaja en el año 1975, en el Seminario 23.
En la obra de Lacan se observa un camino que siempre fue fiel a su objetivo: la innovación. Tal es así que en La cosa freudiana (1955) Lacan habla de la formación de los analistas futuros diciendo “…semejante dirección no se mantendrá sino gracias a una enseñanza verdadera, es decir, que no cese de someterse a lo que se llama innovación, pues el pacto que instituye la experiencia debe tener en cuenta el hecho de que ésta instaura los efectos mismos que la capturan para apartarla del sujeto”[2].
La función del analista consiste en alojar al sujeto del inconsciente o bien facilitar su emergencia por medio de la escucha y la presencia. En La dirección de la cura y los principios de su poder (1958) se afirma que la dirección de la cura consiste en hacer aplicar por el sujeto la regla analítica: la asociación libre; quedando a cargo del analista la atención flotante. Luego de criticar las distorsiones que los post freudianos hicieron en el psicoanálisis, advierte que el analista cura más por lo que dice y hace que por lo que es. Así, la posición del analista queda relacionada con la carencia de ser y dicha carencia determina su política. Pero a su vez, la función del analista se sostiene de un hacer, del acto analítico, o tal como se propone en 1975, de un “saber hacer”.
En el texto citado,  se reafirma “la importancia del significante en la localización de la verdad analítica”[3], sosteniendo que la interpretación no está basada en arquetipos divinos sino “en el hecho de que el inconsciente tiene la estructura radical del lenguaje”[4]. Cuando hace alusión a los historiales clínicos de Freud resalta que su acción inicial con Dora y con el Hombre de las ratas fue buscar que el paciente se anoticie de su posición en lo real y de cómo participa en la fabricación de esta realidad.
A partir de estas afirmaciones, Lacan sitúa tres tiempos en la dirección de la cura “ un proceso que va de la rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, hasta el desarrollo de la transferencia, y luego a la interpretación”[5]. En medio de este proceso, el analista debe preservar el deseo del sujeto, haciendo lugar al fantasma. Este deseo se capta en la letra, por lo tanto es la palabra quien tiene los poderes para curar.
En la indagación de las actuales formas en que se presenta el sufrimiento psíquico, resulta necesario interrogar la noción de estructura clínica tan utilizada en nuestro campo.
Según Freud, la elección de neurosis depende de factores constitucionales y accidentales, teniendo la sexualidad un papel fundamental en la etiología. Freud fue diferenciando situaciones sintomáticas en relación a los diferentes mecanismos de defensa frente a una “moción inconciliable” que remitía a lo sexual, y en 1926, se trató de una defensa frente a la castración. Respecto a la patología, estableció distinciones en diferentes momentos de su obra: entre exclusividad o complemento, introversión de la libido en la fantasía o estasis libidinal en el yo, mezcla o desmezcla pulsional y conservación de los vínculos con la realidad o construcción de neo realidad en el delirio. Quedaron así distribuidas las modalidades defensivas: represión en caso de neurosis, abolición en caso de psicosis, renegación en caso de perversión. Pero no se le puede atribuir a Freud la noción de “estructura clínica”.
En J. Lacan tampoco se encuentra  la frase “estructura clínica”, lo que podemos localizar es el concepto de estructura del sujeto del inconsciente. ¿Qué incidencias tiene en nuestra práctica la utilización automática de este sintagma “estructura clínica” que no ha sido acuñado por ninguno de los maestros?.
En la misma línea, cuando se habla de psicoanálisis lacaniano, se lo vincula con lo real del corte y las sesiones de duración variable. Pero esto es solo una punta de lo que podemos llamar práctica lacaniana. Una práctica lacaniana se sostiene del trabajo sobre los tres registros, por esta razón Lacan afirma que “un análisis se trata de suturas y empalmes”[6]. Es importante prestar atención: Lacan no dice que el análisis se trate de cortes en el nudo, si no que se trata de descubrir cuál es el nudo y ajustarlo bien por medio de suturas y empalmes.
Así, Lacan considera a la estructura del sujeto con flexibilidad, ya que si se entiende por estructura a un nudo de tres registros diferenciados, se puede agregar un cuarto que los sostenga o ajuste. Tal como ejemplifica con el caso de Joyce, un cambio en el anudamiento puede ahorrar un destino poco interesante para el sujeto. La etiología en J. Lacan resulta ser más trascendente, ya que se enfoca en la posibilidad de elección por parte del sujeto. O para decirlo de otro modo, la causa puede ser reinventada.
Al respecto, muchos años antes de recurrir a los nudos, afirma “Un psicoanálisis va normalmente a su término sin entregarnos más que poca cosa de lo que nuestro paciente posee como propio por su sensibilidad a los golpes y a los colores, de la prontitud de sus asimientos o de los puntos flacos de su carne, de su poder de retener o de inventar, aun de la vivacidad de sus gustos[7].
El subrayado remarca la estrecha vinculación entre esta concepción del análisis y la que formulará en 1975 como identificación al sinthome.
En Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis (1953) se encuentran muchos decires relacionados con su futura elaboración de los nudos. Aquí Lacan habla del surgimiento del símbolo a partir del asesinato de la cosa, sosteniendo que el primer símbolo que aparece en la humanidad fue la sepultura, de modo que “Decir que este sentido mortal revela en la palabra un centro exterior al lenguaje es más que una metáfora y manifiesta una estructura”[8]. Aclara que esta estructura no es esférica sino tórica, es la estructura de un anillo.
Una estructura esférica describe una saber cerrado como el de la ciencia o bien como las estructuras diagnósticas que se establecen en el Manual de trastornos mentales DSM IV. Respecto al anillo, se trata de una estructura agujereada en donde la exterioridad periférica y la exterioridad central son una y la misma cosa.
En el Seminario 23, Lacan nos permite afirmar que estructura clínica no es equivalente a estructura psíquica. Con su conceptualización del sinthome retoma lo dicho en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis” respecto a la indicación de no retroceder frente a las psicosis.
El esquema del toro describe un proceso dialéctico, afirma Lacan, según el cual “el sujeto realiza su soledad”, pero a la vez “la dialéctica no es individual y la cuestión de la terminación del análisis es la del momento en que la satisfacción del sujeto encuentra cómo realizarse en la satisfacción de cada uno, es decir, de todos aquellos con los que se asocia en la realización de una obra humana”[9].
La estructura tórica se refiere al sujeto singular y también al analista. El sujeto se constituye a partir de la intersubjetividad, del lazo social con otros. Sus realizaciones solitarias no son  sin un más allá del ser, es decir, la satisfacción individual se realiza en la satisfacción de los otros. ¿Que quiere decir esto?, se trata de una obra.
Respecto al analista, es mediador “entre el hombre de la preocupación y el saber absoluto”, y por lo tanto, debe conocer la subjetividad de su época. Lacan habla de un analista “que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes”[10].
Si vinculamos esta noción de la estructura como anillo y el proceso dialéctico entre el sujeto y los otros, el analista y la cultura, podemos pensar al arte como un recurso general en Psicoanálisis. En el seminario 23, Lacan considera al sujeto como un artesano, ya que a partir de dos significantes crea un elemento tercero que es el objeto. A la vez, este sujeto puede crearse un nombre que más o menos forzosamente le calce mejor.
¿La subjetividad de la década del ´70 en Europa es la misma que la nuestra?, ¿cuáles son los atravesamientos socio-culturales que determinan al sujeto en nuestra sociedad?.
El saber absoluto de la ciencia fue avanzando y la relación con el sistema capitalista se solidificó aún más. El discurso capitalista es una forma de relación (no tiene el estatuto de lazo social) que objetiviza al sujeto, intentando abolir su división por medio del consumo. Este discurso establece un circuito perverso que muchos autores han vinculado con la situación sintomática de las adicciones y las patologías del impulso.
¿Qué se puede decir del discurso capitalista hoy?. Si los efectos de este discurso eran la sutura de la división del sujeto y el individualismo, hoy parecería que ni los objetos de consumo disponibles alcanzan para aliviar el vacío existencial que padecen algunos sujetos. A cualquier miembro de nuestra sociedad puede invadirlo la angustia, la ansiedad, la depresión, el sentimiento de desesperanza. Como si en vez del progreso que la sociedad moderna ambicionaba, hoy primara la ausencia de porvenir, como si ya no hubiera nada que esperar o nada en qué apostar.
Estos síntomas de vacío parecen trascender las estructuras individuales y figuran un producto socio-cultural que puede aquejar a cualquiera. Al respecto, M. Recalcati buscó situar la dimensión de la clínica contemporánea, estableciendo, de manera algo extrema, que vivimos en una época en donde el Otro no existe. Esta clínica es la “clínica del vacío” y se refiere a “una metamorfosis histórico-epocal de la noción de falta. (…) Esta distinción señala (…) una declinación inédita del lazo social en la época contemporánea, provocando una redefinición de la concepción clásica del síntoma que rige la neurosis”[11].
En relación al sufrimiento psíquico, el malestar es vivido más intensamente y las medidas que el sujeto toma frente a la frustración suelen ser más drásticas. Según el autor citado, el centro de la clínica contemporánea es “el vacío como una experiencia de eclipse, como un sentimiento de inexistencia, de irrealidad, ausencia que caracteriza el modo de ser prevalente del sujeto contemporáneo”. De estas afirmaciones se desprende la noción de “nuevos síntomas”, noción cuestionable pero que al menos arroja un poco de luz sobre las actuales formas de malestar. Estos nuevos síntomas no se formarían según la represión y el simbolismo característico de las neurosis sino que involucran un goce no regulado por la castración, y apuntan a reestablecer cierta integridad narcisista en estado desfalleciente.
En “El Psicoanálisis y su enseñanza”, Lacan afirma que “si el síntoma puede leerse es porque él mismo está inscrito en un proceso de escritura”[12]. Aquí estaría presente la función del analista como intérprete de las discordia de los lenguajes.
Estos supuestos nuevos síntomas que carecen de metaforización y acuerdan con la noción de holofrase, ¿que problema nos presentan?, ¿no pueden leerse o no están inscritos en un proceso de escritura?.
En otras épocas el analista podía interpretar sobre lo escrito en lo inconsciente, tal vez en nuestra época la labor del analista sea más ardua y consista en interpretar aquello que no fue escrito aún. Esto no lo haría menos intérprete pero si lo invita a guiar al sujeto hacia la producción de escrituras. Es posible que el sufrimiento del sujeto de nuestra época muestre una ausencia de escritura como también una escritura que no fue puesta en función.
Es la esencia del psicoanálisis apostar a que allí hay un sujeto del inconsciente, y este fue el gesto inaugural de Freud. Asimismo, en “Más allá del principio de realidad”,  Lacan recorta el acto freudiano del siguiente modo: "El primer signo de esta actitud de sumisión a lo real en Freud, fue el reconocer que en tanto que la mayoría de los fenómenos psíquicos en el hombre están aparentemente vinculados a una función de relación social, no es posible excluir la vía que por ese hecho abre de ello el acceso más común: a saber el testimonio del sujeto mismo sobre estos fenómenos".
Considero que esta sumisión a lo real implica distanciarse del dogmatismo de las teorías sobre dispositivo y estructura clínica, para poder atender el testimonio verdadero del sujeto contemporáneo.
Como se ha podido apreciar, este escrito le otorga particular importancia a los desarrollos sobre el sinthome y su función como suplencia o suplemento del nombre del padre. Es probable que las coordenadas de nuestra época incidan en la constitución del sujeto, dificultando y/o impidiendo las escrituras de los rasgos propios.
Los analistas apostamos a una estructura del sujeto conformada por elementos diferentes pero interdependientes. Trabajamos con la diferencia, el detalle y la creación, tal vez sin estar anoticiados de ello.
Una de las coordenadas de época es la imposición de objetos ya inventados, que servirían a todos por igual. En este aspecto, la subjetividad de nuestra época se caracteriza por tener mayores dificultades para elegir. Es nuestra labor como analistas ser “herejes de la buena manera”, como Joyce y como Lacan se describe a si mismo, en la medida de que “habiendo reconocido la naturaleza del sinthoma, no se priva de usarlo lógicamente, es decir, de usarlo hasta alcanzar su real, al cabo de lo cual se apaga su sed”[13].
En el año 1975, Lacan propone pensar la estructura psíquica como una estructura agujereada, y será la función del falo verificar la existencia de dicho agujero. Si en Freud el falo remite principalmente al padre, en Lacan el falo representa la conjunción entre cuerpo y palabra, lo cual abre un abanico de nombres posibles. Desde este punto de vista, en un análisis pueden surgir otros elementos capaces de garantizar la firmeza fálica o ajustar la cuerda.
Considero que el malestar de nuestra sociedad pone en jaque al psicoanálisis y sus recursos terapéuticos, al respecto, no puedo dejar de remitirme nuevamente a Lacan: “Cuando el psicoanálisis haya rendido sus armas frente a los callejones sin salida crecientes de nuestra civilización (malestar presagiado por Freud), serán retomadas ¿por quién? las indicaciones de mis escritos”[14].

Bibliografía:
1 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
2 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 410.
3 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina. Pág. 566.
4 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina. Pág. 567.
5 Lacan, J. Escritos 2. Siglo Veintiuno. Argentina .Pág. 571.
6 Lacan, J. El Sinthome. Paidos. Argentina. 2013. Pág.71.
7 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 258.
8 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 307.
9 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
10 Lacan, J. Escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 308.
11 Recalcati, M. Psicoanálisis y el hospital N°24: ¿Patologías de época?. La clínica contemporánea como clínica del vacío.
12 Lacan, J. escritos 1. Siglo Veintiuno. Argentina. 2002. Pág. 418.
13 Lacan, J. El Sinthome. Paidos. 2013. Argentina. Pág. 15.
14 Lacan, J. Textos escogidos 1952-1978. “De Roma ´53 a Roma ´67: el psicoanálisis. Razón de un fracaso”.




Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis.Hacia un proyecto del inconsciente - Ps. Carolina Pautasso

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis. Tema: Clínica psicoanalítica en la época actual.
Hacia un proyecto del inconsciente
Ps. Carolina Pautasso
Tengo un padre y un padecimiento.
Tengo un padrecimiento.
Tengo un padre, si miento.
Tengo un padre un, si miento
Tengo un padre cimento
tengo un padre, si miente
Y una madre de que decía
(Que hay padre de cierto?.
que hay padre desierto)
y una madre que creía
que su único defecto
que decía siempre...la verdad.
Anónimo.

"Mejor pues que renuncie  quien no pueda unir a su  horizonte la subjetividad de su época".  (Lacan. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis).
Intentaremos situar, en este ensayo, la constitución del sujeto a partir del discurso capitalista y sus manifestaciones al momento de la consulta clínica.
Lacan sitúa en su conceptualización del discurso capitalista:
Lugares:
Agente Trabajo Términos: S1 (significante amo)
Verdad Producción S2 (significante del saber)
$ (sujeto)
a (objeto a causa de deseo )
El punto de partida es el discurso  amo, el que hará que la “cosa” comience a andar y con ello el inconsciente. En este discurso, el inconsciente corresponde a ese algo que podríamos ubicar en el significante S1, significante que induce y determina la castración. Es decir que una vez surgido el S1 (significante amo), se repite ante S2 (significante del saber) y de esta puesta en relación surge el sujeto, representado por algo, por cierta pérdida .Ese algo, esa pérdida es lo que se le dio el nombre de objeto a.
Esquemáticamente:
Discurso amo                                         Discurso Capitalista

s1     s2                                                   $      s2
$        a                                                         s1      a                                       


Más allá de la forma en la que se produce en su presencia, el sujeto no podría reencontrarse en su representante significante sin que tenga lugar esta pérdida en la identidad que se llama, hablando con propiedad, el objeto a.
Lo que el discurso capitalista introduce al ser modificado el discurso  amo, invirtiéndose el $ por el S1, es la posibilidad de que haya un acceso posible al lugar de la verdad como el esquema lo muestra. La lógica que propone este discurso es el de una verdad toda sustentada nada más y nada menos que por el significante amo en su lugar, a esto se le suma un sujeto en el lugar de agente que se presenta solo por la “acción” de consumir.
En referencia a otro pasaje sobre el discurso capitalista, Lacan advertía acerca del fundamento de este discurso, el cual tiene la peculiaridad de no hacer lazo y ello debido a:
"Lo que distingue al discurso del capitalismo es esto: la Verwefung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los campos de lo Simbólico, con lo que ya dije que tiene como consecuencia. El rechazo de qué?, de la castración. Todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor, amigos míos. Ven eso, eh? No es poca cosa!" (Lacan, J.1972 “El saber del Psicoanalista” – Seminario 19 - inédito).
La lógica de este discurso es  poder producir constantemente falta, que sirve para hacer mover al sistema, el sistema que anima cualquier sistema de consumo.
El rasgo estructuralmente maníaco de esta lógica consiste en cubrir la falta a través de la oferta ilimitada de  de objetos en forma de mercancía consumible.  Ningún objeto debe ser verdaderamente satisfactorio, así, de este modo,  permite  que la máquina productiva lance nuevos objetos de consumo ( correspondiendo al carácter de secuencia metonímica del deseo).
"La falta que el discurso capitalista promueve es la falta de objeto y no la falta en ser" (Massimo Recalcati. La última cena.  Pag, 250)
De este modo, podemos ver como la lógica capitalista se distancia de lo trabajado por Freud, respecto a la Modernidad.
La tesis del malestar en la cultura es que el sujeto debe pagar el precio de una renuncia pulsional para ingresar a la civilización, pero que esa renuncia produce síntomas. Esa es la formulación clásica del síntoma en la época del discurso amo.
En la época del discurso capitalista, la renuncia pulsional se interpreta como  un corte a la libertad individual. El estatuto de la falta instaura un vació que el consumo de objetos pretende llenar.
Si el estatuto del deseo tiene que ver con la falta en ser, el discurso capitalista actúa en la dimensión de esa falta, para intentar obturarla, rechazando esta dimensión imposible, promueve un goce superyoico sin regulación (impulse al goce), expulsando los términos de la castración.
Se trata de una distancia y no de una oposición ya que  los significaciones de cada  época deciden sobre el destino de las pulsiones. .Los representantes de cada  época imponen modos de representar, sentir y hacer.
Entonces..¿Cómo pensar el modo en que ésta época inscribe el malestar?, ¿ Qué relación tiene con los llamados nuevos (nuevos?) síntomas?
Lacan  en  Los complejos familiares sitúa:
"Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, están referidos, en nuestra opinión, a una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del proceso social, declinación que se observa principalmente en la cotidianidad en las colectividades alteradas por estos efectos: concentración económica, catástrofes políticas; para señalar más adelante que el padre es : carente siempre, de algún modo, ausente, humillado, dividido o postizo en su personalidad"
La declinación del padre produce fragmentación en la red simbólica, bajo un déficit en la función del no, de veto.
Cuando decimos que la metáfora paterna se inscribe débilmente estamos diciendo:  que el deseo de la madre no estuvo suficientemente  limitado por la función paterna o bien que el deseo de la madre no signifique fálicamente, no da lugar al Nombre del padre, representándolo como una autoridad formal, privada del sostén del deseo. De allí es frecuente padres impotentes, débiles, castrados por un otro materno que no le reconoce ningún valor fálico. No se trata, entonces,  de una forclusión del nombre del padre sino de una debilidad en el ejercicio en su función ordenadora respecto al deseo de la madre.
Entonces apreciamos casos en donde la filiación de objeto, sustancia, síntoma sustituye a la filiación del nombre del padre.
¿Que caracteriza a éstos síntomas bajo el predominio de metáfora paterna débilmente inscripta y una castración no consumada?
Para comprender la distancia, nuevamente, el retorno a Freud.
En la teoría freudiana el síntoma es el retorno de lo reprimido, el síntoma adquiere un valor de metáfora.
En los síntomas que intentamos caracterizar no está en juego la represión como mecanismo defensivo sino la escisión entre lo psíquico y lo exterior como así también dentro de la misma esfera psíquica. Este modo de funcionamiento  busca editar lo no editado, simbolizar lo no simbolizado.
El síntoma adquiere valor de  holofrase, al contrario de la metáfora no significa nada, señala el fracaso de la acción significante de la metáfora.
 Una holofrase es una palabra frase. Se pierde la discontinuidad. Es no descomponible, congelada, petrificada. Es la anulación de una separación. El sujeto, aquí,  no se halla representado por un significante para otro significante. El  sujeto (respecto del síntoma) parece estar coagulado alli, "es" en este significante, en tanto que lo representa, pero no para otro significante.
No se pone en juego la afánisis del sujeto, que es lo que provoca el significante ( divide al sujeto, en tanto, siempre se requieren al menos dos significantes para que el sujeto pueda representarse), por lo tanto queda limitado al terreno imaginario, arraigado en lo imaginario.
De acuerdo a este mecanismo,  los síntomas se ubican en  la expulsión en el acto y la exclusión somática como mecanismos de defensa. El conflicto queda evacuado de la esfera psíquica hacia la realidad exterior o hacia el soma ( síntomas psicosomáticos, adicciones, impulsiones, trastornos alimentarios, angustia de fragmentación y, agresión, ect.).
"La clínica en sus formas actuales se caracteriza por una debilidad de la metáfora. El estado limite no debe ser entendido como una tercera estructura junto a la neurosis y psicosis sino como posición subjetiva específica que se caracteriza por la debilidad constituyente de la metáfora sintomática y por lo tanto, por una cancelación de la metáfora subjetiva, que por sí misma no vale como índice de una estructura psicótica" ( Massimo Recalcati pag 179)
¿Que posibilidades de abordaje tenemos, como  psicoanalistas, frente a la consulta clínica?
Como dijimos anteriormente la inducción del significante a nivel del sujeto ocurrió de una manera que no pone en juego la afánisis del sujeto por lo tanto habrá que limitar nuestro juego interpretativo, debido a que el sujeto dividido, en tanto afanisis , no esta involucrado.
No está en juego la histerización del discurso, en tanto posibilidad de que el sujeto pueda elaborar sus identificaciones alienantes para desembarazarse de ellas. La inclinación holofrásica del discurso provoca un efecto de bloqueo, la identificación misma se vuelva inanalizable.
Se tratará, entonces, de en lugar de reeditar en la trasferencia, editar, como mecanismo que posibilita el registro de lo no vivenciado, ligar bajo representación.
Se tratará, de sostener el proyecto del inconsciente como resistencia en acto respecto del modelo del discurso capitalista.
Bibliografía:
FREUD. El malestar en la cultura. Tomo XXI. Editorial Amorrortu.
LACAN. La familia. Editorial Argonauta.
LACAN. SEMINARIO 11. Editorial Paidós.
LACAN.  Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1. Siglo XXI ediciones.
RECALCATTI. La última cena. Ediciones del cifrado.
NASIO. Los gritos del cuerpo.Editorial Paidós.
LERNER, STERNBACH. Organizaciones fronterizas, pronteras del psicoanálisis. Lugar Editorial.


Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis. Coordenadas fundamentales en relación a la técnica analítica - Ps. Mailén Bocca

Espacio de intercambio Campo de Psicoanálisis. Tema: Clínica psicoanalítica en la época actual.
Ps.Bocca Mailén- Mat.6938

Apartado II extraído del Trabajo de Investigación: “Modalidades que puede adquirir el pedido de un tratamiento en la clínica psicoanalítica con usuarios de drogas: Cuando algo del amor hace vacilar algo de la relación del sujeto con la/s droga/s que consume”. Director: Ps. Rafael Echaire Curutchet (Mat. 6210). Integrantes: Ps. Mariana Puttero (Mat. 6134) . Ps. Florencia Fambrini (Mat. 5701). Lic. Facundo Frías (Mat. 6680). Ps. Mailén Bocca (Mat. 6938). Ps. M. Eugenia Machuca (Mat. 6489). Ps. Estefanía Delpippo (Mat.7032). Programa Interdisciplinario de Investigación en Extensión- PIIE. Campo de la Salud Mental. Centro de Estudios Interdisciplinarios de UNR.

  Coordenadas fundamentales en relación a la técnica analítica
La entrada en análisis implica una serie de precisiones y coordenadas de trabajo. En principio, es preciso señalar un momento que hará al inicio de análisis, a partir de poder diferenciar la demanda de tratamiento que no es necesariamente demanda de análisis.Con ello nos referimos a lo que serán las entrevistas preliminares como una escansión que posibilite una entrada a lo que fuese el análisis propiamente dicho.
Debemos pesquisar desde la llegada del consultante si detrás del síntoma o la queja planteada, hay algún mensaje que supone detrás de lo que aparece como queja una demanda, si hay alguna pregunta que el síntoma introduzca, pregunta que lleve a una suposición de saber. Observar en qué medida el analista está incluido en la demanda, y si esa suposición de saber puede ser transferida al analista.
Como expone Lacan en su texto de 1958, “La Dirección de la cura”, toda palabra humana es demanda. Demanda que será siempre demanda de amor.
Ésta que no es más la demanda de un objeto particular sino testimonio de la respuesta del Otro, y por eso Lacan dice: "Finalmente, el amor es dar lo que uno no tiene". Allí se trata del hecho mismo de dar y dar más allá de lo que uno tiene.(Miller, 2009, pp. 191-192).
El encuentro con un analista y con su deseo abre la oportunidad de que la respuesta a la demanda se oriente en dirección al saber inconsciente y a las condiciones singulares del goce de cada uno, de que la transferencia sea empleada para producir un saber y no para caer en un tratamiento del orden de la sugestión. Aquí es donde debemos estar advertidos de que como analistas no quedemos situados en el lugar del Otro que tiene el poder de responder. El analista debe abstenerse del poder que pueda ejercer, rechazar el ejercicio de sugestión.
¿De qué se trata en la clínica analítica? Freud indica en “Sobre la iniciación del tratamiento”(Freud, 1985 [1913]) la importancia de las entrevistas  preliminares, tanto en relación a la labor del analista como a la persona del analizado. Dichas entrevistas preliminares permiten al analista hacer un sondeo para poder conocer el caso y para ver si aquel es apto para el psicoanálisis. Posibilitan además hacer un diagnóstico, aunque sea presuntivo e hipotético, considerado como un puntapié para iniciar una posible dirección de la cura. En cuanto al analizado, indica Freud (1913) “le ahorra la impresión penosa de un intento de curación infortunado”(Freud, 1985 [1913], p. 126). Convenimos en tomar el término “curación” y referenciarlo al análisis que hace Miller del mismo. Él plantea que la traducción de la palabra francesa cure al castellano como cura es discutible. Invita a considerar que no se trata de “curar” sino de “tratamiento”. La indicación se desprende del análisis que el autor hace del título “La dirección de la cura” de Lacan.
Ya en el desarrollo de las entrevistas preliminares hay una puesta en marcha de las reglas del psicoanálisis(Freud, 1985 [1913]).Si bien los escritos de su creador, Sigmund Freud,  nos guían en cuanto a técnicas, reglas y “consejos” en relación al psicoanálisis, nos advierte en su texto “Sobre la iniciación del tratamiento” sobre la no mecanización de la técnica, debido a la inmensa diversidad de las constelaciones psíquicas, la plasticidad de los procesos anímicos y la riqueza de los factores determinantes.
En cuanto a esas reglas, en “Consejos al médicosobre el tratamiento psicoanalítico”, Freud (1985[1912]) teoriza sobre una técnica a que la menciona como“atención parejamente flotante” para todo cuanto uno escucha del analizante. (p. 111) Aquella regla indica no fijarse en nada en particular, ya que si uno pone atención en ciertos elementos y escoge cierto material recibido realiza una selección que obedecerá a sus propias expectativas o inclinaciones y se corre el riesgo de no hallar más de lo que ya sabe. Dicha técnica actúa en análisis como análoga y complementaria de otra regla a la que Freud anuncia como “la regla fundamental del psicoanálisis”, referida al analizante, la asociación libre, con la cual se le exige que mencione todo cuanto se le ocurra, sin crítica ni selección previas.
Sabemos el fuerte papel que cumplen aquí las resistencias y el avance del trabajo analítico apunta constantemente a conocer y vencer esas resistencias para que el inconsciente aflore allí (Freud, 1985 [1925-1926]).  No sólo hablamos de resistencias de parte del analizante sino también del analista (Lacan, 2007), por lo que él mismo, como enseña Freud enConsejos al médico, debe someterse a unapurificación psicoanalítica(Freud, 1985 [1912]), tomando noticia de sus propios complejos, debido a que “cualquier represión no solucionada en el médico corresponde, según una certera expresión de W. Stekel a un “punto ciego” en su percepción analítica”.(Freud, 1985 [1912], T. XII, p. 115).
La técnica atención parejamente flotante, inevitablemente, alude a la importancia de, como analistas, no intentar comprender, ni entender lo que el paciente dice (Lacan, 1990). Si caemos en esas coordenadas de trabajo estamos cercenando el hablar del sujeto y la cuestión es justamente lograr hacer una apertura, otorgarle lugar y valor a ese dicho emergente.
Ahora bien,retomando la idea citada en párrafos anteriores, en relación a que el deseo siempre estará más allá de lo que se pueda decir, en relación a ello Miller (1992) nos introduce en la idea de pensar al inconsciente como eso que nunca vamos a poder comprender; como expuso Freud, inconsciente que siempre traiciona. (p.177) Además “nunca se dice exactamente lo que uno quiere decir. Eso formaliza que la realización del querer decir es siempre fallida.”(Miller, 2009, p. 189).
La acción analítica implica el acto de poner a andar esa verdad a descubrir, poner en juego ese inconsciente(Lacan, 2007). Es por ello que desde el ensayo previo- al que llamamos preliminar-corresponde habilitar a poner en juego la falta, el interrogante que ponga a trabajar al sujeto, que lo interpele, cuestione y cause (Lacan, 1990). Se busca la implicancia del sujeto que viene a consultar y la posibilidad de que pueda asociar libremente. Analizante adviene cuando aparece una pregunta sobre su posición subjetiva, cuando aparece un cambio de posición en relación a su goce, al menos un esbozo de ello. Y por parte del analista, el reconocimiento, de que ese sujeto que consulta viene atravesado y tomado por el discurso del Otro, fundado en ese discurso; por ello la importancia de dejar hablar, de que la palabra circule, de tomar los pliegues que se esconden tras el enunciado y ver qué es lo que se enuncia a través de él.
En virtud de lo expuesto, se desprende la siguiente pregunta ¿Con qué material se debe comenzar un tratamiento analítico? A ello Freud (1985 [1913])responde que no interesa con qué material se va a comenzar el trabajo terapéutico sino que se deje al analizado hacer su propio relato y escoger su punto de partida. Lo único que se exceptúa es la regla fundamental de la técnica psicoanalítica. (p.135) Freud señala que pide al sujeto sinceridad y que no omita algo por resultarle desagradable. (1985 [1937]) en “Análisis terminable e interminable”: “el vínculo analítico se funda en el amor por la verdad” (Freud, 1985 [1937], T. XXIII, p. 249). Además desaconseja al analizante que prepare anticipadamente el relato que llevarán a sesión (Freud, 1985 [1913]).
Estas consideraciones conllevan a pensar que el analista no dirige la cura desde un saber previo, desde un furor curandis, ni desde sus propios ideales (Freud, 1985 [1913]). Lejos estamos, en un tratamiento analítico, de hacer una psicología de la consciencia o un trabajo sugestivo. El horizonte terapéutico del analista no apunta a la “normativización” o al total dominio de la vida anímica del sujeto. Como Freud muestra “Análisis terminable e interminable” (1985 [1937]), cabe afirmar que el título reivindicado por el análisis de que él cura las neurosis asegurando el gobierno sobre lo pulsional, es siempre justo en la teoría, pero no siempre lo es en la práctica: “El gobierno sobre lo pulsional mejora pero sigueincompleto” (Freud, 1985 [1937), T. XXIII, p. 232).“Uno no se propondrá como meta limitar todas las peculiaridades humanas en favor de una normalidad esquemática, ni demandará que los «analizados a fondo» no registren pasiones ni puedan desarrollar conflictos internos de ninguna índole. El análisis debe crear las condiciones psicológicas más favorables para las funciones del yo; con ello quedaría tramitada su tarea.” (p.251). Tampoco un trabajo analíticocorresponde en  encauzar al paciente en un supuesto bien. Como indica Lacan (1960), tenemos que saber cuál debe ser nuestra relación efectiva con el deseo de hacer el bien, el deseo de curar. El autor intenta advertirnos sobre las vías vulgares del bien, contra la trampa benéfica del querer-el-bien-del-sujeto. “Aquí  yace la cuestión de los bienes en relación al deseo. Toda serie de bienes tentadores se le ofrecen al sujeto y saben cuán imprudente sería que nos dejásemos considerar como capaces de ser para él la promesa de hacerle accesibles todos esos bienes, la vía americana.”. Todo depende del deseo del analista de ir más allá de eso lo que hay que preservar en análisis es el lugar del deseo. Deseo que siempre estará más allá de lo que se pueda decir. Es lo que circula entre lo que se dice.
Analista será aquel que abandone el ejercicio del poder ¿Y por qué lo haría? Por el deseo del analista, deseo de que allí haya análisis.
El analizado llegará a terapia suponiendo al Otro un saber. Aquí es donde debemos advertirnos. Como revela Lacan: “al persuadir al Otro que tiene lo que puede completarnos nos aseguramos el poder continuar desconociendo precisamente lo que nos falta”. (Lacan, 2007). De allí que  Lacan en La Dirección de la Cura (1958) indica que el psicoanalista dirige la cura y el primer principio de esta cura es que no debe dirigir al paciente. El sujeto supuesto saber como operador permitirá el despliegue y sostenimiento de la trasferencia. En este contexto, el analista queda atrapado, forma parte de la cadena asociativa que trae el paciente. Queda conformada una enfermedad artificial, una neurosis de trasferencia, donde algo de la persona del analista es tomado. Allí debemos tener presente que no es a la persona del analista a quien el analizante dirige su mensaje sino a la figura que él representa en el campo transferencial.


BIBLIOGRAFÍA:
Freud, S.;
Análisis terminable e interminable (1937); Amorrortu Editores; Tomo XXIII; 1990; Buenos Aires, Argentina.
Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912); Amorrortu Editores; Tomo XII; 1992; Buenos Aires, Argentina.
Sobre la iniciación del tratamiento (1913); Amorrortu Editores; Tomo XII; 1992; Buenos Aires, Argentina.
Lacan, J.;
La dirección de la cura y los principios de su poder en Lectura estructuralista de Freud; Editorial Siglo XXI; 1971; México D.F., México.
El Seminario Libro XI “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”; Paidós 2007; Buenos Aires, Argentina.
Miller, J. A.
 Conferencias Porteñas Tomo II (1989-1996); Paidós; 2010; Buenos Aires, Argentina.