jueves, 4 de diciembre de 2014

Algo (no todo) sobre el “no hay relación sexual” de Lacan


Fusión. Verónica Dominguez Sánchez

Ps. Lucía Giavón Parnisari – Mat. 6388

Lo que sigue puede definirse como un recorrido posible por los Seminarios 3, 10 y 20 de Lacan, tomando como eje de lectura la afirmación lacaniana: “no hay relación sexual”.
Encontramos en el Seminario 3 (Las Psicosis) a la llamada bejahung y sus destinos. En este seminario, en la primera clase ,“Introducción a la cuestión de las psicosis”, Lacan plantea que debe admitirse una inscripción simbólica originaria, primera, que llama bejahung primordial. Avanzando un poco ,en clase IV: “Vengo del fiambrero”, Lacan plantea que hay un momento que es el origen de la simbolización, y que este momento no es un punto del desarrollo sino que responde a una exigencia: que la simbolización necesita un comienzo.
La bejahung primordial de la que se trata signa el comienzo de la relación del ser con el lenguaje.
Esta primera inscripción permite que de lo real advenga el ser, que algo sea dejado ser; permitiendo la entrada al campo del Otro. Esta bejahung mantiene una relación fundamental con el concepto de ausstossung, cierto rechazo del cual depende la admisión simbólica y es parte de ella; la ausstossung expulsa nada, y da cuenta de la represión primordial, constitutiva del orden simbólico.
Este rechazo de nada produce la separación/diferencia entre el Otro, en tanto lugar, y la cosa. El Otro se constituye como lugar vaciado de la cosa.
En el Seminario 3 se plantean posibles destinos de la inscripción primordial. La ley está desde el inicio, preexiste al sujeto, y la sexualidad humana debe realizarse a través de ella. Esta ley es la ley de simbolización, y es otra forma de nombrar el Edipo. Así presenta Lacan la ley del malentendido (como uno de los destinos de la bejahung), en tanto la posición sexual depende del lenguaje, no habrá nunca certezas en el plano de la naturaleza y la experiencia (plano ligado al mundo de las cosas). Gracias a este malentendido, dice Lacan, “podemos, siendo hombres, satisfacer tendencias opuestas ocupando en una relación simbólica una posición femenina, a la par que seguimos siendo hombres”.
Ya en el Seminario 10 (La angustia) la idea de este malentendido se plantea en relación a la naturaleza misma del significante.
En la clase “Un asunto de macho”, Lacan cita un texto atribuido al rey Salomón, rey de la sabiduría, quien dice: “hay cuatro cosas sobre las que nada puedo decir, porque no queda de ellas huella alguna: del surco del águila en el cielo, de la serpiente en la tierra, del navío en el mar, y de la huella del hombre en la muchacha” (1). Ninguna huella, entonces, que permita un decir.
Ya en la clase “De una falta irreductible al significante”, Lacan dice que la relación con el Otro, donde se sitúa toda posibilidad de simbolización, da con un vicio de estructura, y es esto lo que hace posible tal relación y que de allí surja el significante. Este vicio, esta falla estructural, escapa al significante. Por esto, es una falta que el símbolo no suple, una ausencia que el significante no remedia. Y es por esto que el significante no tiene función de signo. Así, la naturaleza del significante se define por el esfuerzo de borrar una huella, de anularla; pero justamente se trata de una huella que falta, por estructura, y que Lacan llama objeto a, objeto causa del deseo.
Podemos pensar, con Lacan, que de esto se trata en toda la problemática inherente a la sexualidad humana. Y que esto constituye una primera formulación del “no hay relación sexual”.
Frente a esto, ¿cómo se responde? Lacan dirá que se responde con el ACTO.
La posibilidad de actuar en lo sexual viene del lado de poder situar en el fantasma esta falta irreductible, haciendo un uso falaz del objeto a, ubicándolo del lado del Otro, cuando en realidad está del lado del sujeto, en una relación de exterioridad interior que Lacan denomina EXTIMIDAD, y desde donde gobierna toda la dialéctica del deseo en tanto se constituye como el objeto causa del deseo.
Todos los objetos que se ubican por delante, esos objetos a postizos, funcionan como señuelo, se les otorga el brillo agalmático que genera apuntar a ellos como si se tratara de lo que colma el deseo.
Esta posibilidad del hombre de situar el objeto a en el fantasma hace posible decir a Lacan, ya en el Seminario 20, que La mujer no existe. No existe más que como objeto del fantasma en el hombre, que así la aborda. La mujer no existe como sujeto; la mujer es un síntoma del hombre, en tanto cree en ella y vela así la “no relación”. Además, no existe como “La” en tanto designa un universal del cual la posición femenina no participa.
En este sentido, en el Seminario 20 (Aún), Lacan propone las fórmulas de la sexuación y la lógica del no-todo. Para esto, se sirve de la lógica de Pierce, que postula que el universal se funda en la excepción, para establecer una serie de distorsiones en la lógica de las oposiciones aristotélicas.
En la lógica aristotélica: una proposición se compone de un prosdiorismo (todo, alguno, ninguno), un sustantivo y un atributo. Las proposiciones adquieren formas particulares de negarse que Aristóteles propone como: contradictorias (no pueden ser verdaderas o falsas al mismo tiempo); contrarias (no verdaderas al mismo tiempo pero sí falsas); subcontrarias (al revés que anterior) y equivalentes.
Lacan reemplaza los elementos de las proposiciones para someterlos a la escritura matemática de funciones (esto lo toma de Frege). El prosdiorismo lo reemplaza por un cuantificador, al que se agrega una “x”, y el símbolo de la función en cuestión, que es la función fálica Ф. La “x” en cuestión, que corresponde al atributo, es un significante, pero no de “hombre” ó “mujer”, ya que estos faltan en la batería significante de lo inconsciente, y solo se define como atributo por el valor que tome en la función: es el significante por el que el sujeto se hace representar para otros significantes en lo Simbólico.
Las fórmulas definirán de a pares la posición masculina y femenina en relación a la función fálica (posiciones sexuales para habitar el lenguaje). Y en esto hay que mencionar la asimetría en el significante: es en el orden simbólico donde se asume la posición, y en este orden no hay ningún significante que permita escribir la relación sexual, proporción sexual. No hay significante de la diferencia sexual como tal que permita al sujeto simbolizar plenamente las funciones del hombre y la mujer; por esto la identidad sexual es siempre precaria y nunca plenamente terminada. El único significante sexual es el FALO, y por esto el punto de partida de las fórmulas será la universalidad del falicismo: Todos los “x” son fálicos (proposición universal); En el lado del HOMBRE la fórmula del particular que acompaña el par será: hay un “x” que no está sometido a la función fálica. Esta proposición aparece como límite de la función fálica, y Lacan hace un fundamento de este límite. Esta es la primera distorsión a la lógica aristotélica, en tanto estas proposiciones serían contradictorias allí; y en la propuesta lacaniana ambas son verdaderas.
La excepción fundadora cobra aquí la función del Padre: lugar del mito del padre de la horda que instaura la ley sin estar sujeto a ella, padre que goza y prohíbe ese goce. La función del padre se establece dando consistencia al mito de un goce absoluto que él encarna y situarlo como prohibido, inaccesible. Así, la función fálica se funda en la exclusión lógica de ese goce.
El universal masculino se define por la castración, entendida como esta exclusión del goce absoluto; del lado del hombre, el renunciamiento al goce colectiviza, hace SERIE. Pertenece al lado todo de la castración. El lado hombre aparece, esto lo plantea P. Zopke, como la casa del Padre: los machos están casados con el falo. La fórmula también puede expresarse como “Todos, no sin excepción”; en tanto hay uno para el que la castración no funciona: el padre ex-siste al conjunto.
Del lado de la MUJER, la fórmula reza: no todas, sin excepción. Las mujeres están No todas sometidas a la función fálica. La fórmula universal, parte de la particular del lado del hombre, de la cual sería equivalente en la lógica clásica. Pero aquí Lacan introduce la segunda distorsión, y la hace negar la existencia del límite de la función fálica del lado de la mujer. Esta ausencia de límite es consecuente de la ausencia del universal (en tanto el límite funda el universal). Ambas fórmulas del lado no-todo impiden afirmar una verificación posible de la función fálica del lado mujer. Por esto, la relación de la mujer con la función fálica pertenece al orden de lo contingente, de lo indecidible. Lacan toma del teorema de Godel la idea de la incompletad del conjunto, el ejemplo es el “yo miento”: participa de la indecibilidad, en tanto no es demostrable su falsedad o verdad. En la mujer, la exclusión lógica del goce absoluto (que hace hacer serie al lado macho) NO OPERA. No pueden ser colectivizadas, no forman ni un todo ni un universal, forman la LISTA, conjunto abierto.
Esta exclusión lógica del goce absoluto que no opera, hace que Lacan se pregunte por la incidencia de esta no exclusión en el goce de la mujer. Y dirá que la mujer tiene una relación diferente con el goce fálico. Participa de este goce pero tiene una relación diferente con aquello que le pone límite.
Lacan plantea que de haber otro goce haría falta que “no fuese ese”, es decir el fálico. Este sería el goce del Otro, en tanto no excluido; en tanto su imposibilidad no está metaforizada. Y esto es lo que sitúa como goce suplementario en la mujer; ese goce que siente pero del que nada dice; y en tanto nada dice su existencia es dudosa, insituable por medio de la palabra, del significante.
En este sentido es importante plantear una vez más una lógica: que sea verdadero que ese goce del Otro no exista no impide que también  sea verdadero que “si existiese” haría falta que no fuese ese. Kuri, en su texto “Del goce”, sitúa como fundamental atender al tiempo verbal en la frase: Lacan insiste en el uso del pretérito indeterminado (imperfecto), y con ello introduce una puesta en suspenso del tiempo en la localización de ese goce; el goce queda situado desde un anhelo, un sueño, “sueño o pesadilla de lo simbólico: si ese goce existiese. Lo único que tenemos es lo fálico, y no hay excepciones a lo fálico, únicamente un sueño que lo perfora, si existiese, un goce Otro”(2).
Le Gaufey, en el libro “El no todo de Lacan”, plantea algo muy interesante en relación a las consecuencias clínicas de la lógica del no-todo. Dice que su enseñanza hace desplantes al funcionamiento ingenuo de la universalidad; y en esto el psicoanálisis se diferencia radicalmente de la psicología, en tanto el operador no-todo reafirma la parcialidad básica y sin totalidad del ser hablante sexuado. El psicoanálisis define lo propio de lo humano en ser incompleto, y en que al nacer, convierte al lenguaje post partum en uno de sus principales órganos, y ese órgano goza.
En línea con esto, Zopke plantea que el psicoanálisis no tiene conceptos; en tanto no hay nada que pueda aprehenderse desde él como totalidad. El psicoanálisis tiene solo un principio: no hay relación sexual; y tiene cuestiones, de las cuales es preciso hacerse cargo.
El transformar el saber analítico en una psicología pasaría por pensar que los conceptos están allí, aguardando a que los “casos” se alineen bajo ellos.

Notas:

(1) J. Lacan. El Seminario X. La Angustia. Paidos. Bs. As. 2009
(2) C. Kuri. Del Goce (artículo). Kaos Psicoanálisis. Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1997

Bibliografía:

J. Lacan. El Seminario XX. Aún. Paidos. Bs. As. 1992

J. Lacan. El Seminario III. Las Psicosis. Paidos. Bs. As. 1984.

J. Lacan. El Seminario X. La Angustia. Paidos. Bs. As. 2009

G. Le Gaufey. El notodo de Lacan. El cuenco de plata. Bs. As 2007

P. Zöpke. Ecuador. Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1997

C. Kuri. Del Goce (artículo). Kaos Psicoanálisis. Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1997

  








1 comentario:

  1. ¿es esto correcto ?

    http://www.academia.edu/7649153/Amalgamating_Lacan_s_Formulae_of_Sexuation_Discourse_Theory_and_Topology

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