lunes, 14 de mayo de 2012

¿Que es un psicoanalista?

S. Freud nos ha brindado las bases del Psicoanálisis considerándolo un método que sirve a los fines de investigación y cura. Como practicante de este método, el psicoanalista debía cumplir con ciertos requisitos teniendo principal importancia el análisis personal. Luego de Freud, la IPA (Asociación Psicoanalítica Internacional) estableció cierta estandarización en la formación, que autorizaba a practicar el psicoanálisis a quienes cumplieran con los tres pilares de análisis, supervisión y  formación teórica en forma cronometrada.
J. Lacan abrió al cuestionamiento sobre nuestra práctica proponiendo el concepto de “deseo del analista”, deseo enmarcado en una ética diferenciada en relación a otras propuestas terapéuticas. Asimismo afirmó que la “autorización” partía del analista y no de alguna entidad oficial y burocrática. Con la creación del “pase”, Lacan intentó remarcar la importancia del reconocimiento por parte de la comunidad de analistas aunque se corría riesgo de caer en la misma universalidad y arbitrariedad que se le había criticado a la IPA, porque ¿con cuales criterios un grupo de psicoanalistas escuchaba el testimonio de una práctica?.
Para responder a la pregunta “que es un psicoanalista”, habría que partir de que el acto psicoanalítico es un acto de fe, fe en el saber inconsciente. El acto psicoanalítico no es impulsado por el furor de curar o por el diagnóstico, sino que exige un respeto por la letra y la singularidad de cada caso.
A propósito de las intervenciones analíticas, Freud mencionaba la necesidad de “tacto”, de paciencia por parte del analista que debía esperar el momento justo para intervenir. Es así que el tacto depende de la escucha y del estilo. Definir cuándo y cómo el analista vehiculiza un acto no es una cuestión de teoría acumulada o intercambio con colegas sino que se trata de ocupar un lugar: la posición del analista. La posición del analista es la posición del inconsciente, lo cual solo se logra gracias al análisis personal. No hay escucha eficaz desde otro lugar que no sea el lugar de un sujeto deseante.
Ahora bien, el deseo del analista se define por ser un deseo sin yo, es por eso que el analista se permite dejar de ser alguien para que un sujeto pueda aparecer. Por esta razón, ocupar un lugar no produce una juntura con el ser, creer que uno es psicoanalista suele provocar confusiones y disparar el despliegue del personaje imaginario que viste o habla de determinada manera, que analiza a medio mundo fuera del encuadre correspondiente. Hacer psicoanálisis es asumir una función vaciada de “yo soy”, lo cual no le impide al analista apropiarse de un estilo.
Por otro lado, el analista elige apostar a un discurso que denuncia lo que de nuestra época afecta al sujeto. En este sentido deberá tratar constantemente con lo que no anda en los lazos sociales, y lejos de querer normativizar a la gente enseñándole a vivir, el psicoanalista hará un lugar al sujeto por medio de la escucha con el fin de que encuentre vías de satisfacción más interesantes y menos dolorosas.
En resumen, nuestra capacidad de orientación en la práctica depende de la agudeza, el compromiso y la ética con la que cumplimos nuestra función. Un psicoanalista conoce el método gracias al análisis personal, conoce la estructura gracias a la teoría y reconoce su práctica gracias a la supervisión. Así descubre su estilo.
El Psicoanálisis mismo pone en jaque toda verdad que se pretenda absoluta y generalizable, por este motivo cuanto más cuestione su propia práctica, más precisión encontrará el psicoanalista en su saber-hacer.


Ps. Paula Lucero