jueves, 14 de abril de 2011

Competencia en Psicología

La competencia es un término bien capitalista podríamos decir. Tiene que ver con cierta filosofía instaurada en el marco de la revolución industrial, que impulsa a los sujetos a comportarse como individuos fuertes, teniendo como base la idea de que aplastar al otro significa progresar en lo económico.
En el ámbito de la psicología, esta cuestión se encuentra disipada por la misma formación teórica que recibimos en la facultad, que nos permite ver al sistema capitalista con otros ojos generando un posicionamiento crítico de nuestra parte. Pero disipada no quiere decir abolida. Por lo tanto, la competencia entre psicólogos por estar algo encubierta no deja de ser feroz en ciertas situaciones.
Vemos como las residencias nacionales y provinciales desencadenan una lucha en donde gana el que mas "sabe". Vemos como a la hora de insertarse en las instituciones privadas, el psicólogo que sabe resulta amenazante para los profesionales que ya están trabajando en la institución. También podemos observar que las derivaciones de pacientes representan un grave problema cuando uno no posee aun 20 años de trayectoria. El punto de base de la competencia parece ser cierto criterio o parámetro del saber.
Un saber que no basta con la teoría sola, ni con el análisis personal solo, y tampoco con 20 años de experiencia si no se tienen los dos elementos antes mencionados.
Pero el saber es intimidante solo a primera vista, ya que lo que verdaderamente intimida son los contactos profesionales de los cuales la mayoría de los psicólogos carecen. Es decir que un contacto es suficiente para ahorrarle a uno la competencia descarnada con sus colegas, la angustia de la búsqueda casi desesperada en las grandes ciudades donde la numerosa masa de egresados arma una malla mixta con formaciones académicas disímiles y enfoques terapéuticos casi opuestos.
Al final, el saber hacer del psicólogo no entra en juego si se posee un buen contacto, talvez un padre médico, o un primo psiquiatra o el mas infalible de los contactos: el dinero.
Solo se trata de lugares que los profesionales podemos o no llegar a ocupar: trabajos adhonorem, ingreso en la municipalidad, trabajo en una institución privada, trabajo en consultorio particular...lo fundamental, me parece, es poder trabajar de lo que nos apasiona y autorizarnos para sostener nuestro deseo.
Al fin y al cabo, cuando se trata de deseo no hay competencia posible. Y ya lo decía Freud: mediante el análisis personal uno se transforma en analista, más allá del saber teórico al que pueda haber accedido (grado,cursos, doctorado, maestria, etc). Entónces, la competencia pertenece de lleno al registro imaginario, donde el hecho de que haya un solo lugar para dos genera agresividad. Pero lo imaginario no existe sin su anudamiento a lo simbólico, es por eso que sin deseo, no hay posibilidad de producir efectos en lo real.