viernes, 14 de agosto de 2015

La paradoja de la libertad en la clínica

Ps. Paula Lucero


El tema de la libertad es un tema espinoso. Como si encerrara algún secreto o incluso, como si hablar de libertad en la comunidad analítica significara una amenaza o anticipara un peligro.
Sospecho que esta retracción con la que algunos colegas suelen responder ante el tema de la libertad, se sostiene de cierto miedo a que se vea cuestionada la propia práctica.
Pero, ¿porque hablar de libertad y provocar así una que otra discusión o incluso el argumento exaltado de que el sujeto no es libre, con el agregado de alguna frase de Lacan que lo respalda?.
Considero que la libertad es un componente de la práctica clínica, que insiste en cada paciente y en cada analista.
El paciente: la libertad es un fin último, la terapia es concebida como un medio para alcanzar la libertad. Partiendo de esta idea inicial, comienzan a plasmarse las singularidades de cada planteo y cada historia, las distintas significaciones que ese sujeto otorga a la idea de libertad.
En este punto se pueden proponer distintos momentos analíticos en donde la idea de libertad se va reformulando para el sujeto:
1-    Ser libre del otro. Aquí predomina la fantasía de hacer desaparecer a ese otro que priva de los placeres, fantasía tan típica en las neurosis obsesivas. De modo similar, aunque con otro argumento fantasmático, suele aparecer el planteo histérico en donde surge la idea de estar bien “algún día”. En este momento del análisis resalta el anhelo de una libertad plena y su imposibilidad.
2-    Ser libre de mi (síntoma). Aquí el síntoma es reconocido como una construcción propia, de ahí que se avizore la posibilidad de prescindir de él.
3-    Ser libre con el otro, hacer algo feliz con el sufrimiento. Este tiempo implica una actualización de la operación que Lacan llamó “separación” con el sentido que él enfatiza en el seminario 11 de “parirse a sí mismo”. Clínicamente hablando, ¿que significaría parirse a sí mismo?. El analizante debe hacer un trabajo de selección respecto de aquello que lo une y lo separa del otro. Habrá cosas que pueda tomar de esos otros y cosas que deje de elegir para sí mismo. Lo que aquí se reformula es talvez la lectura, la interpretación que el sujeto ha hecho de los dones que le han sido otorgados.
En un psicoanálisis, el problema de la libertad es patente, se presenta en el discurso como una búsqueda más o menos desesperada; pero solo en el tercer momento la libertad aparece como un encuentro, como encontrando una forma nueva de pensar y hacer las cosas cotidianas de la vida.
El analista: el analista practica la libertad lo asuma o no. Desde el principio, invita al sujeto a cumplir la regla fundamental de que asocie libremente, lo invita a ser libre. No sin resquemor, el paciente suele sorprenderse ante la consigna de decir lo que quiera, lo que se le venga a la mente, y para cerciorarse de que no es una broma pregunta: “¿pero puedo decir cualquier cosa?,¿ malas palabras también?”.
Aquí hay que detenerse, es sabido que el psicoanálisis nace del descubrimiento freudiano de inconsciente, hallazgo del todo revolucionario para su época. Con Lacan podemos decir que el psicoanálisis es un discurso que aloja lo que los otros discursos excluyen.  La asociación libre como técnica, es ya una revolución. Porque es mediante el ejercicio de la libertad en el decir, en donde se encuentra la verdad amordazada. Es paradojal considerar que la única regla verdadera es la libertad de pensamiento.
Lacan va un poco más lejos de la técnica, abriendo el paso a su concepción del deseo del analista y la posición que debe ocupar para cumplir correctamente una función del todo compleja. Para el analista, se trata de despojarse de todo aquello que lo pueda emparentar con cualquier tipo de servidumbre. Debe sacar de plano sus pretensiones, sus ideales, sus criterios morales, e incluso sus teorías, para poder escuchar. Alguien que está en posición de analista debe también liberarse de toda una serie de condicionamientos que de hecho lo hacen persona.
Ahora bien, la parte agria del tema de la libertad, se debe a lo costoso que resulta pensar la paradoja. El mismo término de “sujeto” contiene las dos caras de una misma moneda: sujeto al lenguaje o al Otro simbólico pero también sujeto deseante capaz de realizar su acto.
El sujeto del inconsciente se constituye a partir de los significantes del otro primordial, y su primera existencia está marcada por una escisión fundamental e irremediable.
Esta división fundante hace que la existencia misma del sujeto sea producto de una construcción incesante. Pero esta escritura de la propia existencia, se realiza en la misma oscilación que lo define: sujeto al otro y sujeto deseante. Sujeto del otro y sujeto al otro.
Hablar de libertad en psicoanálisis no necesariamente implica un descuido del fundamento estructural. Considero que aquello que le exigimos al sujeto, que puede formularse como “no cedas ante tu deseo”, queda solapado por este cierre conceptual del cual los psicoanalistas podemos ser presa. Como si la libertad no existiera porque está la eterna determinación del Otro, ¿entonces que habría?. No hay felicidad, eso se sabe gracias a Freud, no hay garantías nos dijo Lacan, pero si hay la libertad y su límite.
Hablo de una libertad limitada por la locura, se es libre en la medida en que el Otro existe no existiendo, se es libre si hay mujeres y hombres y no La mujer o el hombre, se es libre si el sujeto está alienado al lenguaje pero separado del Otro.
Esa es la paradoja de la libertad, porque la misma asociación libre posee una determinación inconsciente, revela el entramado específico de una historia y una cadena significante. Pero a pesar de esta determinación, la libertad sigue siendo posible, ya que una vez aislados algunos elementos prevalentes, se los puede modificar, reformular, conectar de otra manera. Supongo que esa, la capacidad de anudar elementos sueltos o crear nuevas uniones y costuras, es la única libertad permitida al ser humano, es decir, la libertad de hacer algo interesante con lo que tiene, trae, le ha tocado, con su determinación.
El ser humano padece de la desgracia de la falta de determinación, busca una determinación absoluta y sin quiebre que le estipule una forma de vivir. Un análisis debe llevar a tolerar la indeterminación pero de forma activa, diría hasta autodidacta, porque a fin de cuentas, será el sujeto quién encuentre la forma de hacer frente a las posibilidades que presenta la indeterminación.
Como el artista que dispone de sus elementos para pintar una obra, elige colores, formas, espacios. La condición es reconocer la indeterminación como base de toda creación artística, para luego evaluar las posibilidades y poder tomar una, entre otras. Considero que la metáfora artística es la más idónea para describir el trabajo en un análisis. Trabajo que es en si mismo paradojal si se tiene como fin el hacer algo feliz con el sufrimiento.
De acuerdo a lo dicho, un fin de análisis consiste en saber hacer con la libertad, esa poca cuota de libertad que cada uno tiene, porque hasta la libertad está regulada para el ser humano. Ante el mínimo traspaso del límite, ya surge la angustia, el dolor, el goce acéfalo.
Solo hay un poco de goce permitido al ser hablante, dice Lacan, unas pocas situaciones en donde el goce está permitido y uno es medianamente feliz, aunque a posteriori, cuando el hecho ya aconteció.

Hasta lo más terrible que pueda suceder en la vida de alguien es susceptible de ser transformado en otra cosa, y saber que esto es posible, es ya una práctica de la libertad.